¿TOPLESS?
EVA OPINA
A ver si van a terminar tirando más dos carretas...
El otro día, haciendo cola en la pescadería, afiné el oído para escuchar que un grupo de mujeres suecas se han unido para defender el derecho a mostrar sus pechos desnudos en público (ver AQUÍ).
Ante la pregunta de si estoy de acuerdo con ellas, mi primer impulso es decir que sí, pero...
Ahondando en sus reivindicaciones, me entero que “aspiran” degradar nuestros pechos a glándulas mamarias. Que no me lo invento, que lo dicen ellas: “que los senos no sean vistos como una parte del órgano sexual femenino”.
Os voy a contar una historia. Mi historia.
Yo en un tiempo fui muy puritana pero tuve la suerte de mantener una relación con un sátiro que supo guiarme por las delicias de un sexo refinado sin culpa ni traumas.
Un día, en una playa, señalando a unas jovencitas que tomaban el sol en topless, me hizo reparar en unos preciosos pechos.
-Pero los tuyos son más bonitos –dijo.
-No digas tonterías.
-A mí me gustan más, y si ella puede lucirlos... Quítate la parte de arriba del bikini.
-¿Qué?
Me convenció y me lo quité. Era claro que me estaba conduciendo hacia otra fantasía sexual.
-Ahora tráeme por favor una cerveza –y cuando me volvía a colocar la parte superior del bikini... –No te la pongas. Quiero que vayas así, orgullosa. ¡Lúcete sabiendo que los hombres te miran con deseo!
Acercándome al chiringuito con mis pezones erectos de pura excitación, me sentí la mujer más sexy del mundo, y en mi cara se plantó un gesto de “aquí estoy yo”.
Habitualmente, él, el sátiro, buscaba mi cuerpo desnudo, que hasta espiaba mientras me vestía, y aunque me hiciera la pudorosa, me encantaba sentirme atractiva y deseada.
Pero hicimos cotidiano el topless y dejó de alabar y ansiar mis pechos. Al menos como antes.
Creo al igual que las suecas, que el topless reduce la percepción sexual de los pechos hasta reducirlos a glándulas mamarias, y yo no quiero eso para mí ni para mi compañero.
Respecto a la iniciativa de las mujeres suecas...
Han perdido mi respeto y credibilidad desde el momento en que blanden como argumento el que las mujeres y los hombres somos iguales y con los mismos derechos, por lo que si ellos pueden ir con el pecho descubierto en una piscina, ¿por qué no nosotras?
Tenemos derecho y estoy en contra de cualquier prohibición, desde luego que sí, pero eso de que somos iguales... Tal vez lo seamos un poco más equiparando nuestras tetas y sus pechos, pero a mí no me veréis luchando en esta guerra que las mujeres sólo podemos perder.
Yo quiero mantener todo el potencial sexual de mis pechos. Yo quiero, si me surge otra pareja sátira, volver a aquel chiringuito sintiéndome transgresora.
LILITH OPINA
Si no he entendido mal, Eva se siente reacia a apoyar la reivindicación del grupo Bara Bröst por miedo a que sus pechos dejen de tener tirón sexual. Es una razón tan importante como cualquier otra. Seguro que la comparten un montón de Evas y quizá algún que otro Adán. Lo que no creo, es que sea el motivo por el que no permiten a las mujeres bañarse en topless en las piscinas suecas, ni en la mayoría del resto de los países “civilizados”.
Si tiro de los hilos que tengo a mi alcance, intentando llegar a la raíz del conflicto, me temo que me estanco en el mismo punto negro del que surgen muchos de los encontronazos entre hombres y féminas: la dependencia que sufre el criterio femenino de la opinión masculina.
Yo también os voy a contar algo. Hace más de veinte años, solía ir a una piscina que estaba lejísimos de mi casa. Me llevaba casi una hora llegar y otra volver. Había otros pabellones más cerca, pero no me importaba sudar tinta china en el verano madrileño para llegar hasta ella. Mi incentivo: que era la única piscina pública exclusivamente de mujeres que había, léase, un paraíso en el que no importaba si estabas bien depilada o el bañador era bonito o qué te sobraba y qué te faltaba. Tenían otras dos piscinas en el recinto (una familiar y otra infantil), pero no las pisé nunca. La idea de los propietarios no era avanzar casillas en la liberación femenina, ni mucho menos. Hermandades del Trabajo, asociación dueña de las magníficas instalaciones de la piscina de San Miguel, había decidido “proteger” a los varones en su momento (más o menos cuando yo nací), del lamentable invento del bikini. Dedicando una de las piscinas al uso femenino mataron dos pájaros de un tiro: conservaron su decencia sin perder clientela. Para cuando llegó el topless a las playas, hacía mucho que en San Miguel se bronceaban tetas.
Recuerdo que durante los veranos que yo fui, cada vez más mujeres tomaban el sol en topless, pero muy pocas se bañaban sin ponerse su tapa-pechos. Lo que jamás vi, ni oí, ni se me pasó por la imaginación, fue que alguien protestara o se sintiese ofendido por lo que se hiciese o dejase de hacer en nuestro “club” femenino. No hubo hombres ni mujeres a quienes les pareciese escandaloso o quisiesen impedirnos destaparnos. Y no olvidéis que hablamos de una organización cercana al régimen franquista con una mentalidad ultra conservadora.
Y de ahí viene mi deducción. No son las “buenas costumbres”, ni el respeto a la mayoría, ni nada de eso lo que escandaliza y decide que es indecoroso mostrar en público el pecho femenino (en pleno siglo XXI). Es la presencia de los varones lo que hace que algunas mujeres se escandalicen y algunos hombres se hagan de cruces en estas situaciones. Porque, a ver, cuando “invitaron a abandonar” la piscina a estas guerreras suecas, me pregunto quiénes y por qué lo hicieron. ¿Los propietarios? ¿Los gerentes? ¿Eran hombres, mujeres, o había de todo en esa decisión única? ¿Pensaban en qué dirían el resto de los bañistas, o ya habían recibido quejas y por eso tomaron la medida? Es fácil llegar a respuestas con mucha probabilidad de no equivocarse. Yo me apuesto mi colección de gomas de borrar a que fueron mujeres bañistas, o empleadas, o directivas, las que pusieron el grito en el cielo y desataron la tormenta. O alguno os imagináis a un hombre que no reciba presiones (ni sea un ultra religioso)
tapando los senos de una mujer? Y si es porque son objeto de deseo sexual, ¿por qué nadie exige que se cubran los abdominales de atleta y los bíceps de gimnasio que algunos machotes lucen sin ningún pudor? ¿O no son sexys los pectorales del hombre? La publicidad parece que cree que lo son porque han convertido el tórax masculino en un reclamo sexual potentísimo. ¿Por qué nadie les invita a abandonar las piscinas?
Así que… sí, definitivamente, me apunto a esta guerra por la igualdad de derechos, o sea, de pechos (riman estupendamente para las pancartas). O nos los dejan a todos al descubierto, o nos tapamos todos nuestras pecaminosas carnes. Y si acabamos aburriéndonos de vernos los troncos desnudos y dejamos de excitarnos mutuamente, no te preocupes Eva, que seguro que los publicistas se las apañan para sustituir nuestros pechos y llegado el caso hasta nuestros culos (que cada vez se nos quedan más al aire), e inventan el “tobillo enloquecedor” o algo por el estilo. Tú tranquila que algo de morbo conservaremos para que puedas volver a por cerveza al chiringuito como una transgresora en toda regla. Por cierto, ¿no conservarás el teléfono del sátiro, por un casual?
Me he enrollado mucho, lo sé, pero es lo que tiene opinar.
¿Qué opináis?



